Dicen que en el fútbol es más fácil marcar un gol que jugar bien. Es una frase que se confirma una y otra vez. En muchos juegos del fútbol profesional colombiano se ve constantemente. Son pocos los que reflejan el buen fútbol con goles. Otros apelan a las ganas, al empuje, a la garra para sacar resultados. Eso fue lo que intentó hacer Millonarios en la noche de este domingo frente a Jaguares de Córdoba en El Campín.Con actitud quiso volver al triunfo y lo tuvo hasta el minuto 91. Pero una mala salida de Wuilker Fariñez terminó en un penal contra Leiner Escalante, que Pablo Rojas cambió por gol y nuevamente los azules como local perdieron dos puntos en el último minuto.

En el primer tiempo saltó un equipo sin alma, sin ganas, sin actitud, Millonarios fue superado por un Jaguares que se mostró ordenado y le apostó a la velocidad para sorprender. Deiner Quiñónez fue el más insistente por los visitantes, en sus pies se gestaron tres remates contra la portería de Wuilker Fariñez. Los locales nunca despertaron del letargo en la primera mitad. Fue un equipo sin ideas, sin juego. Santiago Montoya, lejos de ser ese que brilló con el Deportes Tolima, pasó desapercibido; Christian Huérfano se vio incómodo y sin asociación; a Ayron del Valle nunca le llegó el balón y Eliser Quiñónez no fue profundo. Fue una primera parte para el olvido. En la que no se gestaron llegadas a la portería rival.

Sin embargo, en el segundo tiempo, a punta de ganas e intensidad, los locales quisieron dejar de lado el mal juego. Se fueron encima de Jaguares. La actitud del equipo fue diferente, a punta de brío e intensidad empezaron a manejar el balón, a acercarse a predios del arquero Nelson Ramos. Se crearon las primeras llegadas y todo gracias a una buena lectura del juego que hizo Ernesto Gottardi: sacó a Quiñónez e ingresó a Carlos López, quien le dio un nuevo aire al ataque del cuadro capitalino. Huérfano se vio mejor acompañado, Ayron más participativo y los laterales empezaron a salir con mayor continuidad.

Al minuto 72 Orles Aragón y López por zona derecha generaron unajugada que terminó con el centro del último. Borde interno y el balón fue directo a la cabeza de Del Valle, quien aprovechó para marcar el primero del partido. Fue una anotación que le devolvió el alma al cuerpo a los hinchas azules. Muchos saltaron, gritaron, se abrazaron. Parecía un tanto definitivo, el de los tres puntos, el que devolvía la ilusión.

El tiempo se fue agotando y Millonarios manejaba el balón. Ya no era profundo, pero controlaba porque Jaguares no se atrevía, parecía que el equipo se había quedado sin aire y sin ideas tras la salida de Juan Sebastián Villota. Quiñónez ya no se atrevía como lo hizo en el primer tiempo y las llegadas sobre la portería de Fariñez pasaron de ser cuatro en los 45 minutos iniciales a ninguna en la segunda mitad.

Sin embargo, en la última jugada tras un pase profundo a Léiner Escalante, quien llevaba 17 minutos en cancha, terminó con una mala salida de Wuilker Fariñez, quien terminó cometiéndole infracción al delantero y el árbitro después de muchas dudas y con ayuda de sus asistentes, terminó marcando penal, que Pablo Rojas se encargó de cambiar por gol. Los gritos de celebración de los visitantes se confundieron con los madrazos de los hinchas desde la tribuna. Nuevamente, un gol al último minuto, dos puntos que se escapan del bolsillo y caras largas por el rendimiento de un Millonarios, que le apuesta más a las ganas y al ímpetu que a la creación y al buen juego.